Por inseguridad están desertando estudiantes ceibeños

Las aulas se han convertido en semillero de maras y narcotraficantes. Muchos padres de familia han sacado a sus hijos o los han trasladado por temor a la violencia. Unas 3,428 matrículas fueron canceladas el año pasado

Por inseguridad están desertando estudiantes ceibeños

Muchos alumnos deben abandonar las aulas por temor de ser víctimas de las maras que se han apoderado de estos centros.

La Ceiba, Honduras.

La inseguridad en algunos sectores de la ciudad ha obligado a que muchos estudiantes y escolares abandonen sus estudios por temor de ser víctimas de este problema que se ha apoderado de las aulas de clases.

En el departamento de Atlántida, el año pasado se cancelaron 3,428 matrículas en los tres niveles educativos.

En su mayoría, las deserciones se deben a la inseguridad en sectores que han estado en poder de maras y grupos criminales. En algunos centros educativos, los padres de familia tienen que ir a traer a sus hijos por temor de que sean agredidos.

“Tuve que trasladar a mi hijo de primer grado a otro centro educativo porque casi me lo matan”, cuenta Arizonia Eulopia, madre soltera residente en el barrio La Julia que todos los días llega a dejar a su hijo.

“Otras familias han tenido que sacar a sus hijos y no ponerlos a estudiar por miedo de que les pase algo” .

La Ceiba, Tela, Jutiapa y La Masica son los municipios donde más se han reportado deserciones. “Hay que clasificar estas deserciones por la inseguridad, el desempleo en los padres de familia, la inseguridad alimenticia y la crisis económica.

La protección del Estado para los sectores más vulnerables en estas zonas es nula y por eso muchas familias están obligadas a abandonar los lugares donde viven”, explicó Franklin Padilla, dirigente magisterial de La Ceiba.

Se apoderan de los centros

Las maras y las barras de los equipos están destruyendo silenciosamente la tranquilidad en los centros educativos, haciendo que muchos estudiantes y alumnos humillados y amenazados no puedan regresar a las aulas.

“La situación es grave porque esto está avanzando silenciosamente. Son datos reales. Los centros públicos están sirviendo de semillero para el reclutamiento de jóvenes que pueden participar en el tráfico de estupefacientes o tener una participación activa en hechos criminales”, advirtió Padilla.

La situación sigue siendo crítica no solo para los alumnos que se niegan a ser parte de las acciones de estos grupos, sino para los maestros.

“Varios compañeros han sido amenazados. A uno le quebraron el vidrio frontal de su vehículo y a otra compañera le rompieron un retrovisor de su carro”.

Por ello, a los docentes y padres de familia les resulta imposible denunciar estas acciones ante las entidades jurisdiccionales.

Garlan Dillon Carter, encargado del área de Estadísticas de la Dirección Distrital de Educación de La Ceiba, indicó que las deserciones de estudiantes y escolares han ocurrido por tres factores: dinero, distancia e inseguridad.

“En áreas como Bonitillo Armenia, Gonzalo Rivera, la San José, San Judas y Las Mercedes, por seguridad, muchos alumnos han desertado”, explicó Carter.

Solo en el instituto Miguel Paz Barahona, en Bonitillo, fue muy elevado el número de alumnos que abandonaron sus estudios por la inseguridad.

En este centro, 23 colegiales desertaron porque sus padres tuvieron que huir de este sector. Otros 45 pidieron traslado por la misma situación.

Una maestra de la colonia Gonzalo Rivera fue transferida a un centro educativo más seguro y dos docentes fueron trasladados de Tegucigalpita debido a la ola de violencia.

 

 

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